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…LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE FRUTOS: LOS FRUTOS COMO ATRIBUTO DE LA PROPIEDAD

En esta parte, nos avocaremos al análisis de las diversas concepciones que han existido en torno a la naturaleza de los frutos. Primero revisaremos lo referido a los primeros intentos de regulación de la propiedad sobre los frutos, efectuados por los romanos. Posteriormente, analizaremos las corrientes predominantes en la doctrina jurídica y de las cuales nuestro Código Civil ha recogido su propia concepción.  

Los Frutos en el Derecho Romano

Fueron los romanos los primeros en establecer un régimen sobre los frutos. A lo largo de la historia del pueblo romano se fueron elaborando diversos conceptos sobre el tema. Como quiera que el último y más acabado de los textos jurídicos estuviera constituido por las Instituciones, abordaremos su estudio. Pasemos, pues, a observar lo que establecía este famoso libro promulgado por Justiniano:

“35. Si alguno ha recibido de buena fe, de aquel que por error creía propietario, un fundo de tierra por venta, donación, o cualquiera otra causa, la razón natural ha aconsejado decidir que haga suyos los frutos que perciba, en recompensa de su cultivo y cuidado. Y si después el dueño se presenta y vindica el fundo, no podrá demandar los frutos consumidos por el poseedor. En cuanto a aquel que a sabiendas posee el fundo de otro, no se le concede el mismo derecho; y con el fundo se le obliga a restituir todos los frutos, y aun los consumidos.

36. El usufructuario de un fundo no se hace propietario de los frutos sino a proporción que los percibe. Si a su muerte los frutos, aunque maduros, no han sido todavía recolectados, pertenecen absolutamente, no a sus herederos, sino al dueño de la propiedad. Casi lo mismo se dice respecto del arrendatario.

37. En los frutos de las bestias se colocan las crías lo mismo que la leche, el pelo y la lana. Así los corderos, los cabritos, las vacas, los potros, los lechones, se hacen por su naturaleza al nacer propiedad del usufructuario. Pero entre los frutos de una esclava no se entienden sus hijos, que por consiguiente pertenecen al dueño de la propiedad. Parecería absurdo, en efecto, considerar como fruto al hombre, para quien la naturaleza lo ha criado todo.”
(Extraído de Instituciones: Libro II: De las cosas y de las herencias testamentarias; Título I: De la división de las cosas)
Una observación preliminar del régimen de frutos que los romanos hacían permite vislumbrar que realizaban una distinción tácita entre los frutos:

a)      Frutos del Fundo.- No existe en las Instituciones un concepto preciso acerca de lo que son. Sin embargo, la distinción posterior que se realiza con respecto a las crías animales posibilita entender que se refieren a los rendimientos agrícolas de la tierra. Es decir, las cosechas provenientes de los vegetales sembrados. Es importante precisar de dónde procedía el derecho del propietario sobre los frutos. Al respecto, podemos citar a Gayo: “los frutos pendientes son considerados partes del fundo”. Fundo y frutos son indivisibles.

b)      Frutos Animales.- Aquí se establece una concepción más simplista sobre el derecho del propietario sobre los frutos. Así como el propietario era dueño de los animales, también lo era de lo que de ellos provenga. En el caso del usufructo, el usufructuario recibía del propietario tal potestad.  

c)      Los Esclavos.- Hoy en día sería imposible hablar de tal cosa. Pero en un sistema esclavista, como era el romano, lo lógico sería que la madre esclava fuera también productora de frutos para su propietario. Las Instituciones, basándose en Gayo, negaban que los hijos de una esclava fueran frutos, se afirmaba simplemente que eran propiedad del dueño de la esclava. Esto permitía que la vida de los esclavos así nacidos no perteneciera a los usufructuarios, pero sí a los dueños. Justiniano pretende infundir la idea que al eliminarse un aspecto del régimen de los frutos en el caso de los seres humanos se los está despojando de la posibilidad de caer en dicha condición. Esta no es más que una evasión del problema destinada a recalcar la condición de seres humanos de los esclavos, pero nada más.

 Otros tratadistas romanos realizaron una distinción entre los frutos naturales y civiles. Los primeros son parte del objeto que los produce, por lo que pertenecen al mismo dueño. Los segundos, a decir de Pomponio, no proveían propiamente del capital sino de las obligaciones que con respecto a éste pudieran surgir. La clasificación realizada, tiene una importancia especial, ya que permitía generar un concepto más abstracto y genérico de los frutos. Lamentablemente, fue negada por Justiniano, quien prefirió ligar más el concepto de frutos con el hecho natural de su existencia independientemente de la acción humana.

La acción de Justiniano resultó perjudicial, en cierta medida, porque impidió la elaboración de un concepto uniforme sobre lo que debía entenderse por frutos. Así, no quedó claro si es que había alguna diferencia entre el fruto y la cosa misma. Tampoco se pudo precisar cuánto alcanzaba el dominio del propietario sobre el fruto. Sin embargo, había quedado en la mente de los investigadores y tratadistas de Derecho las interrogantes sobre la procedencia de la propiedad de los frutos, su clasificación y naturaleza.
La Accesión de los Frutos

Se trata de la posición más antigua, descendiente directa de la tradición romana. Actualmente, muy pocas legislaciones la sostienen; una de ellas es la española. En efecto, el Código Civil Español establece, en su Artículo 353°, que “la propiedad de los bienes da derecho por accesión a todo lo que ellos producen, o se les une o incorpora natural o artificialmente”.
La accesión consiste en hacer de uno lo que se adhiere o se junta a la cosa que ya estaba bajo su dominio. Así se podían adquirir: animales que nacían de los animales domésticos, islas nacidas en los ríos, terrenos desprendidos por la acción del río y los provechos que rendían las tierras cultivables.
La tesis que identifica la adquisición de los frutos con la accesión postula, pues, que éstos son adherencias que se hacen a las cosas. Esto es discutible, por dos razones:

-          Primero, porque no todo aquello que se adhiere a la cosa va en provecho de su propietario. Por ejemplo las pulgas, las liendres y las garrapatas se pegan a los conejos y nadie va a pensar que estos parásitos son frutos de los conejos. Los hongos silvestres se adhieren a los árboles y no son frutos de éstos. La maleza infesta los terrenos cultivados y ningún cultivador creerá que son frutos de la tierra.

-          Segundo, y lo más importante, la naturaleza del fruto es contraria a la simple adherencia. ¿Acaso las crías de los animales se pegan a la madre? ¿Las verduras se unen a la planta? ¿La renta se adhiere al dinero? ¿O surgen de ellos? En realidad, si bien es cierto que por accesión se adquiere lo que se pega a la cosa, es falso hacer extensivo este modo de adquisición a lo que se procede del bien mismo.
 

Los Frutos como atributo de la Propiedad

La tesis de la accesión de los frutos resultó, pues, insuficiente para explicar su naturaleza. Sus contradicciones eran demasiado evidentes. Es por ello que el Código Civil Italiano de 1942 rompió con esta perjudicial tradición y estableció, en su Artículo 820°, que “son frutos naturales aquellos que provienen directamente de la cosa, concurra o no en ellos la mano del hombre”.[10] Es decir, para el Código Italiano el derecho que los propietarios tenían sobre sus cosas se transmitía a todo aquello que ellas produjeran, así no haya habido intervención humana en su producción. Así se inauguró la tesis de los frutos, que postula que son lo que la cosa produce. La expresión más pura de esta teoría la contiene el Código Civil Colombiano, el cual sienta en su Artículo 713°, que: “el dueño de una cosa pasa a serlo de todo lo que aquella produce”.]

La doctrina francesa no se permaneció en una posición tan amplia como ésta sino que, siguiendo a Roma, estableció restricciones al concepto de frutos. De este modo, el Código Civil Francés establece, en su Artículo 3357°, que frutos son “lo que produce una cosa a intervalos regulares, sin disminución de la sustancia” Para los legisladores franceses, no basta señalar que la propiedad sobre las cosas se transfiere a los frutos. Además, es necesario de que sean periódicos y que no alteren la naturaleza del bien principal. Siguiendo esta posición, el Código Civil Argentino establece en su Artículo 2329° que: “Frutos son los que la cosa regular y periódicamente produce sin alteración ni disminución de la sustancia”.

En cuanto a las precisiones acerca de la naturaleza de los frutos, creemos que son fundamentales pues permiten identificar y distinguir a los frutos de las cosas mismas. En lo que no estamos de acuerdo es en la mención que hace el Código Civil de Italia a la falta de necesidad de la concurrencia de la acción humana para poder constituir un fruto. En nuestra opinión, la acción humana es elemental porque gracias a ella es posible establecer qué es fruto. Y no porque seamos kantianos y pensemos que las cosas dependen de quien las observe. Sino, porque es el ser humano quien determina qué es útil y qué le es perjudicial. Expliquemos.

Recordemos cuando criticamos la tesis de la accesión afirmando que no todos los objetos que se adhieren a las cosas pueden ser considerados como frutos. Mucho de lo que se pega a lo que nos pertenece resulta perjudicial. Si aceptáramos que todo lo que procede de la cosa, independientemente de la acción humana, es fruto tendríamos, por ejemplo, que aceptar que las frutas de la papa son una forma de fruto. Lo cual es falso porque, como todos sabemos, no sólo son venenosas, sino que no tienen ninguna utilidad práctica. Depende siempre de la persona, quien va a clasificar la utilidad o posibilidad de utilización de los frutos.

Una posición interesante al respecto tiene el Código Civil Alemán que establece, en su Artículo 99°, que: “todo producto o beneficio que se obtiene de la cosa conforme a su destino”. La mención que se hace al destino de la cosa está señalando, al estilo doctoral e impreciso de los autores germanos, a su utilidad económica. Llegados a este punto, podemos preguntarnos legítimamente si un fruto procede de la cosa. Las cosas son los objetos que existen en la naturaleza, sean útiles al ser humano no. ¿Puede proceder de una cosa sin utilidad económica alguna un fruto que sí la tenga? Absurdo, porque automáticamente lo que antes no tenía utilidad la adquiere. La intervención humana radica, así, en lo que es la propia calificación de algo como fruto por lo que no sólo es permanente sino imprescindible.

 
 

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