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LA QUILLA, EL EQUILIBRIO EMOCIONAL Y…

¿Que elementos forman vuestra embarcación?…Velas, mástiles, un timón… Unos son accesorios y otros, como la quilla,  esenciales, principales y no pueden faltar. ¿Por qué marinero? De ser así tendriamos importantes  problemas de  estabilidad y seguridad.

La quilla o quillamama para el pueblo inca era la Luna. La cual se consideraba, según la mitología, la esposa y hermana de Inti , el Dios del Sol.

La QUILLA en nautica en  es la pieza más importante de la estructura sobre la que se construye un barco. La QUILLA es al barco lo que la columna vertebral es al esqueleto.

Es una pieza longitudinal de madera o acero (según el tipo de construcción) desde donde nacen las cuadernas (costillas). En el extremo de proa se une a la roda y al codaste en la popa.

En embarcaciones de gran porte la quilla se constituye de una quilla plana (cuyo canto superior es el plano de referencia o construcción y otra vertical.

También se conoce a los buque de doble quilla en cuyo caso entre ambas se construye un túnel de tuberías.

En las embaraciones a vela la quilla tiene además la finalidad de agregar peso bajo (lastre) a la embarcación para compensar la acción del viento sobre las velas.

EQUILIBRIO EMOCIONAL

Hay un principio filosófico que dice “El hacer sigue al ser”, lo que significa que primero está el ser humano como tal y luego lo que puede realizar en su vida. Sin embargo, desde su primera infancia, el niño empieza a ser enseñado sobre lo que debe hacer, y el «hacer» será su objetivo predominante en la vida. Lógicamente, esto no tiene nada de malo, al contrario, cada ser humano necesita aprender alguna actividad que le garantice el realizar su propio proyecto de vida.

Pero, nos preguntamos ¿basta una profesión, un oficio, o sencillamente saber hacer algo para ser feliz? Quienes lo logran no han olvidado algo muy importante, cuidar con el mismo empeño a su propio ser. Es decir, consideran que primero son personas, con inteligencia, sentimientos, emociones, anhelos, deseos de superación, etc., que necesitan ser tomados en cuenta para darle un objetivo real a ese quehacer diario. Así logran evitar que se produzca esa sensación de hastío y de cansancio después de un día de trabajo abrumador.

¿Cómo cuidar entonces a este ser humano que tanto lo necesita? Ya que está compuesto de una parte material y otra espiritual, tiene que cuidar tanto su cuerpo como su alma y su espíritu. Sabemos que la salud del cuerpo es muy importante, pero también lo es – y muchísimo más – la del alma, o psiquis, junto con la capacidad trascendente del espíritu humano.

En el mundo en que vivimos, por largas épocas se ha sobrevalorado una de las facultades de la psiquis: la inteligencia racional o intelecto, con el consecuente descuido de la parte afectiva y volitiva del hombre. No se ha dado la misma importancia al conocimiento de los sentimientos, emociones y pasiones, y a lo que significa la voluntad en el ejercicio de la acción humana. Son innumerables las estadísticas sobre el C.I. (coeficiente intelectual) de miles de personas para determinar la capacidad de seguir determinado tipo de estudios. No se puede negar su utilidad; pero se hace cada vez más evidente que un alto C. I. no garantiza el éxito en la vida si no se tiene el mismo aprecio por lo que hoy se ha llamado «la inteligencia emocional».

El autor, Daniel Goleman, ha tenido un éxito sorprendente con su libro «La Inteligencia Emocional», donde revoluciona el concepto de inteligencia diciendo que en su aspecto emocional garantiza un mayor bienestar en la vida. Nos parece que este best-seller está dando respuesta a ese anhelo tantas veces postergado de miles de personas que quieren ser apreciadas por lo que son y no sólo por lo que puedan producir o por el servicio que puedan prestar.

Dentro del aspecto afectivo, las emociones desempeñan un papel extraordinariamente importante y decisivo en el quehacer humano. Con razón se dice que «en esencia, todas las emociones son impulsos para actuar». La raíz misma de la palabra «emoción» es «motere», verbo latino que significa «mover», además del prefijo «e» que significa «alejarse».

En todo lo que realizamos, utilizamos tanto los sentimientos como el raciocinio. Pero en muchas ocasiones las emociones avasallan al intelecto aplastando la razón. De ahí la gran importancia que tiene el saber manejar bien la parte emocional para mantener el equilibrio entre el corazón y la cabeza. Todos sabemos que el descontrol de las emociones negativas oscurece el entendimiento, haciéndonos actuar en forma irracional mientras estamos en su poder. ¡Cuántas desgracias se producen por esta causa!

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