PEDRO DURO ” UN CAPITÁN DE LA INDUSTRIA ESPAÑOLA”
El hombre y su obra
Francisco Palacios cierra la biografía de Pedro Duro no sin reconocer –evidenciando de paso la empatía del historiador– la importancia de este capitán de la industria española:
En esa red de relaciones familiares y económicas establecidas se iba a integrar aquel adolescente introvertido y vigoroso llegado de una pequeña y alejada villa riojana, Brieva de Cameros, en cuya escuela pública, «casi la única universidad de su vida», adquirió el sólido aprendizaje que le iba a permitir ampliar su horizonte social y profesional en Madrid y abordar con éxito, años más tarde, una aventurada y compleja empresa industrial.» (pág. 24.)
«Perseverante y con capacidad de liderazgo Pedro Duro había sabido organizar, disciplinar, dar continuidad y articular un colosal trabajo para que funcionaran los complejos engranajes de una siderurgia moderna y rentable cuyos beneficios había cuadruplicado en un lustro» (pág. 103.)
«Si un hombre es ante todo el conjunto de sus cosas hechas, la obra de Pedro Duro, sin apenas conocimientos metalúrgicos, fue colosal: levantó y administró en La Felguera una ferrería que durante un cuarto de siglo fue la primera de España. Una fábrica que llegó a procurar, directa e indirectamente, el modo de vida de unas 6.000 personas.» (pág. 123.)
La defensa de su empresa nos dibujará a este pionero de la siderurgia combatiendo por una política proteccionista y demostrando con su ejercicio la vinculación de la llamada sociedad civil con el Estado a través, en este caso, de su capa basal. Por eso el historiador habla de un capitán de la industria española que llevó a su fábrica a ser la primera de España.
Palacios nos muestra con esta biografía la clausura del primer ciclo de una institución empresarial que coincide con la trayectoria vital de su promotor, Pedro Duro, ejerciendo la conjugación entre el sujeto y el objeto. Se podrá decir que la fábrica procede de las operaciones de Pedro Duro y Benito tanto como que el sujeto Pedro Duro es hijo de sus obras. La narración del historiador nos pone frente a un hecho que es más que una descripción empírica, a saber: que si la biografía de Pedro Duro (y esto se podrá decir de todo individuo histórico idiográfico) se explica en un contexto en el que sus operaciones se entretejen con las operaciones de otros hombres o grupo de hombres, estas operaciones no son otra cosa que el haz convexo de un envés cóncavo formado por las instituciones. De suerte que se podrá mantener la disociación del hombre de sus construcciones, pero no una total separación. Acaso Francisco Palacios haya querido representar este ejercicio mediante la cita del filósofo Gustavo Bueno: «El hombre no se justifica por ser hombre: el hombre queda definido por sus obras», tomada de El sentido de la vida, como queriendo decir que sólo tras la codeterminación de las operaciones (acaso como una suerte de instituciones normadas) con las instituciones (como objetivación de determinadas anamnesis y prolepsis) va cristalizando la personalidad biografiada. Pedro Duro, entonces, aparece como una institución, singularizándose en el hacer y tejer de su propia vida, una institución que descuella por su obra, que sobresale de su hacer habitual por la notoriedad que representa esa misma obra. Este es, a nuestro juicio, el significado de una biografía en la que aflora por momentos una cierta contención (acaso impuesta por las reliquias) por parte del autor. De alguna manera el autor nos estará diciendo que no cabe otro sentido –sin perjuicio de los sentidos que el propio biografiado se representase– en la vida de Pedro Duro que aquel que estaba codeterminado con los finis operis de la propia fábrica.
Por otra parte, Francisco Palacios, nos ofrece una figura histórica muy alejada de la épica biográfica de tintes románticos, según la cual el individuo aparece como el héroe que se hace a sí mismo. Muy al contrario, el historiador sabe ver al biografiado dentro de un grupo de hombres (grupo de Brieva dice el biógrafo) conectado con otros grupos en una sociedad de familias dentro de la nación española que se constituyó con las Cortes de Cádiz. Un grupo de cameranos cuyas operaciones no van dirigidas a blindarlo como tal (como una nación biológica, ni mucho menos como una nación étnica) frente a otros grupos. Pero al utilizar la expresión «grupo de Brieva» introduce tanto la negación de la desconexión absoluta de todos los hombres como la negación de la conexión metafísica en una continuidad homogénea humana. La expresión «grupo de Brieva» que por otra parte no es un grupo cerrado –como pone de manifiesto Palacios–, permite comprender cómo partiendo del manantial riojano, y tras asentarse en Madrid, extiende sus raíces por otros lugares de España como fue el caso de La Felguera. Brieva, Madrid y La Felguera quedan así unidas como escenas de un mismo drama. Por esta razón, quizás Francisco Palacios optó en el título del libro por la expresión «Un capitán de industria española», reproduciendo así el titular con el que la Revista Minera y Metalúrgica homenajeaba al fallecido Pedro Duro y Benito el 24 de marzo de 1886. Pero, ahora, Pedro Duro, un capitán de la industria española añadirá un sentido nuevo, porque el historiador no habrá de poner el acento tanto en que sea capitán de la industria como el que lo sea de la industria española. Por ello, diremos que el interés de esta biografía comienza ya en un título que huye de localismos, regionalismos o nacionalismos fraccionarios. Francisco Palacios remite a Pedro Duro y Benito a una órbita de radio español y, en el límite, a una órbita global inscrita en los finis operis de la empresa Duro Felguera. Brieva (1810-1823)
No hay que pensar en la comarca de Cameros como una isla en el contexto de la España de principios del siglo XIX. Muy al contrario, el historiador se encarga de vincularla con la historia imperial española desde las primeras líneas, al señalar cómo de ella saldrían las maderas de las carabelas de Colón y aun de las naves de la Armada Invencible. Y aunque se trataba de una comarca de economía agraria, enfocada a la industria textil (que comenzaría su declive en el mismo siglo XIX), estaba perfectamente ajustada a la economía nacional. La villa de Brieva que nos describe Palacios incluso podría remontarse en sus orígenes a la conquista romana o a tiempos prerromanos según su toponimia. Las Cortes de Cádiz la mencionan al eximirla del señorío de los Condes de Aguilar, y en 1833 se la ve ya pertenecer a la provincia de Logroño.
Se dibuja, pues, el escenario de la infancia de Pedro Duro en cuya estirpe rastrea el biógrafo algunos alcaldes y hasta historiadores y sacerdotes. Veremos en sus inicios una familia modesta cuyo principal alcanzaba algún prestigio entre los convecinos; una familia que se preocupa por que su hijo asista a la escuela, previendo incluso para él un futuro en el mundo de los negocios.
Madrid (1823-1857)
Señala el historiador que cuando el niño Pedro Duro parte a Madrid tenía el camino hecho. Ni siquiera se podría decir, entonces, que va a la aventura porque sabe perfectamente a donde se dirige. En Madrid, está su valedor Antonio Vicente Velázquez que le abrirá las puertas a un grupo de gente camerana comerciante y prestamista:
«En esa red de relaciones familiares y económicas establecidas se iba a integrar aquel adolescente introvertido y vigoroso llegado de una pequeña y alejada villa riojana, Brieva de Cameros, en cuya escuela pública, «casi la única universidad de su vida», adquirió el sólido aprendizaje que le iba a permitir ampliar su horizonte social y profesional en Madrid y abordar con éxito, años más tarde, una aventurada y compleja empresa industrial.» (pág. 24.)
Lo vemos, desde los veinte años, ocuparse de los negocios de Vicente Bayo, quien se hallaba fuera de España por conspirar contra Fernando VII. Más tarde, en 1835, también acudirá a Madrid su hermano Julián Duro, por la atracción que ejercía el propio Pedro. Son los años de la formación de un gran patrimonio, lo que le permitiría adquirir propiedades en Brieva, aprovechando el oleaje desamortizador. Son los años del matrimonio de su hermana con Félix Velázquez que formaba parte del grupo camerano. Serán también los años en los que se atan las relaciones personales con determinadas figuras que habrán de descollar en la sociedad política española, como Sagasta, con quien llegará a mantener una amistad de 40 años. En fin, son los años del matrimonio con Dolores Ortiz Ruiz de quien nacerá una hija, Pilar Duro. Pero serán también años aciagos marcados por la muerte de su mujer y por la enfermedad de su hija.
Sin duda, mediado el siglo, fue la era de la prosperidad y del capitalismo triunfante que transformó la mayor parte de los países europeos en paisajes del caballo de vapor. Fue consiguientemente un momento importante para el grupo de Brieva que supo establecer decisivos contactos políticos. Y aunque, durante este periodo, Pedro Duro mantendría relativa independencia respecto al grupo familiar, a la vez que un patrimonio más modesto, los proyectos y los planes bullían por realizarse; y el grupo de Brieva no los dejaría pasar de largo. Se explicará, en este contexto, también, el acercamiento a la familia de los Herrero o la importancia de Elorza, a la sazón director de la fábrica de armas de Trubia.
La Felguera (1857-1886)
Con 46 años, llega Pedro Duro a La Felguera decidido a fabricar y vender hierro de una ferrería que llegó a ser considerada en su tiempo como la de más avanzada política social de España. Consistiría su proyecto en una fábrica siderúrgica de altos hornos de carbón mineral; una fábrica moderna que prescindía ya de los métodos tradicionales de producción de hierro. Los pasos supondrán la compra de propiedades, los trabajos de cimentación, el establecimiento de la factoría y el desplazamiento del mismo Pedro Duro de Gijón a La Felguera donde asentará su residencia y entrará en contacto con el alcalde de Langreo Antonio María Dorado en 1857.
La siderurgia felguerina se constituirá como la Sociedad Regular Colectiva Duro y Compañía y todos sus socios serán españoles, pero el grupo de Brieva controlará la mayoría de las acciones, siendo Pedro Duro el administrador principal. A partir de entonces, tendrá lugar el crecimiento de una institución empresarial que en su despliegue transformará el entorno del que obtiene su materia, su energía y su mano de obra.
Francisco Palacios ve la fábrica desde la perspectiva de una «discordancia brusca en el apacible paisaje asturiano» (pág. 82). Pero no desde la perspectiva de la nostalgia de una arcadia feliz sino desde la contemplación de un proceso que era inevitable. La revolución industrial había eliminado los gremios y expandido el libre comercio, había transformado el paisaje de media Europa, y a través de las exposiciones universales había creado una plataforma de futuro que Pedro Duro aprovechó buscando sugerencias iniciativas y formas de aprender.
La defensa de su empresa nos dibujará a este pionero de la siderurgia combatiendo por una política proteccionista y demostrando con su ejercicio la vinculación de la llamada sociedad civil con el Estado a través, en este caso, de su capa basal. Por eso el historiador habla de un capitán de la industria española que llevó a su fábrica a ser la primera de España.
«Perseverante y con capacidad de liderazgo Pedro Duro había sabido organizar, disciplinar, dar continuidad y articular un colosal trabajo para que funcionaran los complejos engranajes de una siderurgia moderna y rentable cuyos beneficios había cuadruplicado en un lustro» (pág. 103.)
A lo largo del último tercio del siglo XIX, veremos a la institución siderúrgica Duro y Compañía como un organismo con sus propios objetivos que tendrá que enfrentarse a los distintos avatares que le salen al paso y Pedro Duro manejará el timón atendiendo a sus fines incluso contra los de los propios socios, superando también sus propias incertidumbres. Será la época de la construcción del tercer horno y de los talleres de pudelado. En ese momento, recibirá la Cruz de Isabel la Católica (era Práxedes Mateo Sagasta Ministro de Estado) que le reconocía los servicios prestados a la industria de su país. Así mismo, Duro y Compañía atenderá de manera singular la llamada cuestión social sin perjuicio –era algo que el empresario tenía presente– de considerar que el fin de la industria era obtener beneficios: fue lo que más tarde se llamaría paternalismo empresarial. Con todo, los conflictos sociales no serán ajenos a la compañía siderúrgica.
La industria se iría afianzando a la vez que el grupo de Brieva se reforzaba: compra de nuevas empresas, fundación de la cooperativa de abastos… Todo ello, llegó a merecer la visita de Alfonso XII en 1877. En este momento, la fama internacional de la empresa hará que el Estado francés conceda a Pedro Duro la medalla de Caballero de la Legión de Honor.
El fallecimiento de su hija, el peso del trabajo y el paso indeleble de los años irán, poco a poco, causando el declive del insigne industrial, apagando su vida el 11 de marzo de 1886. Pero quedaba en pie su obra como algo más que una reliquia de nuestro presente.
Por Francisco Palacios. Historiador

